Comer con los ojos (RBA, 2006)

Saborear un exquisito manjar o deleitarse con una magnífica película son dos de los grandes placeres que puede disfrutar el hombre, placeres que pueden degustarse en soledad o en compañía y que incluso pueden celebrarse a la vez...
El cine nos ha dado mucho, estamos en deuda con él. La cocina nos ha dado grandes placeres, estamos en deuda con ella. Utilizando el celuloide como vehículo, Comer con los ojos es un viaje lúdico por el cine y cómo éste nos adiestra a la hora de comer. Sin la existencia del séptimo arte, sin esas películas que nos invitan a viajar por los continentes con un cuchillo, una cuchara y un tenedor en la mochila, no hay duda de que comeríamos, beberíamos y amaríamos de una manera muy distinta.
La gastronomía y el cine son verdaderas piedras donde amarrarse cuando llegan las borrascas que llaman con insistencia a nuestras puertas, y cuando éstas intercambian saber se produce un gozo en estado puro. Cuántas veces hemos dicho: «he comido de película». Cuántas veces, ver una película nos despierta una voracidad que nos lleva en procesión a un restaurante o a los fogones de una cocina con suculentos productos dispuestos en el mármol.


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